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Mi propuesta para sanar un duelo

By 15/Jul/2019 julio 24th, 2019 No Comments

 

Hoy quiero compartir con ustedes el camino que estoy recorriendo desde hace tres años de manera consciente para sanar el dolor de la muerte de mi hija Elisa, y para sanar los otros dolores que han aparecido en el camino.

Lo primero es tener la intención de sanar. Puede sonar obvio, pero no lo es. El primer paso para sanar un dolor es querer hacerlo. No solo de palabra, sino de mente y cuerpo. Implica aceptar, tomar la decisión día a día, e incluso muchas veces al día de querer sanar. Es permitirnos sentir el dolor. Es una decisión difícil e incómoda. Pero es posible y poderosa.

Lo segundo es identificar nuestra tendencia de respuesta al dolor. Todos respondemos de manera diferente al dolor, y a cada situación dolorosa. Sin embargo, existen tendencias generales. ¿Tiendo a evadir lo que me incomoda? o ¿Me quedo estancado en el dolor? tener esta información es fundamental para sanar nuestro dolor.

En tercer lugar, es importante diferenciar dolor y sufrimiento. El dolor puro es la respuesta emocional al dolor, se traduce en lágrimas, apatía y tristeza. El sufrimiento por su parte, es la historia mental que nos contamos acerca de lo que pasó. Para sanar se vale sentir dolor, pero crear sufrimiento solo nos complica más un momento ya de por sí bastante doloroso.

En cuarto lugar, mi propuesta es entender los tiempos del duelo. Un dolor no se sana de acuerdo con las fechas del calendario. Y esperar que el tiempo nos cure es un engaño: el tiempo guarda, el tiempo no cura. Cuando algo nos duele sentimos que el tiempo no pasa. Un duelo se sana en el momento presente, cada vez que aparezca el dolor.

En quinto lugar, recomiendo tratar de identificar los aprendizajes que me deja la situación dolorosa. No es fácil ni evidente, pero sé por mi experiencia que un dolor sanado siempre deja un aprendizaje si nos decidimos revisarnos, cuestionarnos, incomodarnos. Acá es muy importante saber que no vamos a volver a ser los mismos después del dolor, pero eso no significa que no podamos proponernos ser mejores. Como mínimo, un dolor nos hace más compasivos, y solo eso, ya es una ganancia.

El sexto paso y ligado al anterior es decidirnos encontrar un nuevo propósito a raíz del dolor que vivimos. ¿Quién quiero ser ahora? ¿Cómo quiero vivir mi vida? estas preguntas nos ayudarán en esta reconstrucción de nuestra identidad, en esta transformación.

Esta es mi propuesta para sanar, esto es lo que he hecho yo misma. Es lo que estoy dispuesta a enseñar y compartir a todos quienes quieran sanar un dolor. NO es fácil y es incómodo. Pero acá me tienen dispuesta a darles la mano y acompañarlos. De corazón deseo que se animen a sanar y transformarse.

 

 

 

 

 

 

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