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Obstáculos para un duelo transformador

Es imposible evitar y eliminar del todo los quiebres o dolores que se presentan en nuestra vida. Pero siempre tenemos la capacidad de decidir cómo los queremos enfrentar , como queremos reaccionar ante ellos.

Por mi propia experiencia sé que tomar la decisión de transformar un duelo no es fácil , pero también sé que es posible. Comparto a continuación algunos de los principales obstáculos que nos alejan de poder sanar nuestros dolores.

El primer obstáculo es caer en la victimización . Si bien es cierto que nuestros quiebres y dolores generan heridas que nos afectan profundamente, es importante que diferenciemos entre lo que nos ocurrió, y dejar que lo que nos ocurrió defina el resto de nuestra vida. Caer en la perspectiva de la víctima es entregarle todo nuestro poder a la situación dolorosa. Es quedarnos estancados en lo que ocurrió creyendo que somos incapaces de sanar.

El segundo obstáculo es el opuesto al anterior: la evasión. Pretender que lo que ocurrió no duele, tratar de seguir nuestras vidas como si nada y negarnos a mirar al dolor de frente nos impide sanar. No por pretender que no hay dolor vamos a dejar de sentirlo. La evasión no sana. La evasión acumula.

El tercer obstáculo es forzarse u obligarse a hacer, o dejar de hacer actividades mientras estamos en duelo. El dolor requiere tiempo para procesarse. Apurarnos a retomar actividades es un obstáculo pues no nos ayuda a sanar, sino que nos lleva evadir. Y por su parte, no retomar ningún tipo de actividad, nos lleva a la victimización y al estancamiento.

Cada uno de nosotros como doliente debe revisar su vida y ver si está haciendo algo por sanar, a la vez que va creando nuevas rutinas y actividades. El que la balanza esté demasiado inclinada hacia un lado o el otro, no es saludable para nuestroproceso de transformación.

El cuarto obstáculo es uno muy común en nosotros los dolientes: culparnos a nosotros mismos o culpar a alguien más por lo sucedido. Nada bueno sale de la culpa, al culpar lo único que logramos es, como se dice “ponerle sal a la herida”, incrementando nuestro dolor, y la verdad, de eso ya tenemos suficiente.

El quinto obstáculo es comparar el dolor. Cada pérdida es única. Como siempre digo , el peor dolor es el que estamos viviendo en el presente. Sin duda la muerte de mi hija me ha significado un dolor profundo, pero esta pérdida no me ha hecho inmune al dolor. Me siguen doliendo cosas.

Tampoco creo en minimizar el dolor de alguien más por que sea diferente al mio. “Clasificar” el dolor en menor o mayor, es un obstáculo a nuestra transformación. Comparar dolores, como cuando decimos “hay cosas peores”, no nos ayuda a disminuir el dolor, lo que hace es o adicionar una carga de culpabilidad por sentirnos mal, o nos lleva a evadir el dolor por no considerarlo “suficiente”; o por otro lado condenarnos eternamente por sentir que nos pasó lo peor que le puede pasar a alguien, tampoco ayuda en nuestro proceso de transformación. En ninguno de los dos caminos hay sanación.

El sexto obstáculo es el aislamiento. Perder contacto por completo con la vida, si bien es útil y necesario por momentos para dedicarnos a nuestro dolor, en extremo es muy dañino. Retomar relaciones, contacto con otros y actividades es importante para sanar y  transformarnos.

El séptimo obstáculo es lo opuesto: pretender seguir nuestra vida como era antes de lo que nos ocurrió. Un duelo implica cambios, y negarse a ellos y resistirse a la nueva realidad , solo nos generará más dolor y frustración.

Estos son algunos de los principales obstáculos para sanar un duelo. Los invito a que con compasión y sin juicio identifiquen en cuál o cuáles pueden estar cayendo. Tenerlo claro va a ser fundamental para que sanen sus dolores. Y tengan siempre presente que acá estoy, para acompañarlos en sus procesos de transformación.

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