Pegue también este código inmediatamente después de la etiqueta de apertura:
0
BLOG

El amor se quiere, el amor no toca

Uno de los principales cuestionamientos que me hice después de la muerte de Elisa, fue qué significaba realmente ser mamá,  ser familia.  Las definiciones tradicionales hablan de lazos legales o religiosos, de ascendencias y descendencias, de parentescos de sangre o de ley. La verdad,  ninguna de esas definiciones logra abarcar por completo las relaciones de mi familia. 

Entonces me tocó pensar mi propia definición. Entendí que el Mono, Sara, María Paz y yo, somos una familia que se ha construido a punta de querer quererse.

Lo que me ha enseñado la vida, es que el principal vínculo para ser familia es el amor. Pero el amor de verdad, ese que sabe que no importa de dónde venimos, ni cómo; el que da sin esperar recibir; el que reconoce los errores y los dolores con humildad; el que habla con honestidad de las dificultades y no busca evadirlas sino superarlas. Entonces, lo que nos hace familia es querer querernos.

Desde que empezamos a caminar juntos, han sido esas ganas de querernos, más el amor y apoyo de quienes siempre nos han dado la mano, lo que nos ha hecho seguir adelante y superar juicios, oposiciones, cuestionamientos, retos, dificultades; y hasta el inmenso dolor de perder a nuestra Elisa. Y fueron precisamente esas ganas de querernos, las que permitieron el maravilloso regalo de tener a María Paz en nuestras vidas. 

El camino para llegar a ser la familia que somos hoy, ha estado lleno de aprendizajes. No ha sido fácil. Hemos tenido que superar miedos, obstáculos, juicios e incertidumbres, y vendrán otros más. Pero no lo estaríamos logrando a punta de sangre, o porque lo diga un papel.  Lo logramos a punta de querer querernos.

Cada día de mi vida doy las gracias por todas y cada una de las personas que han hecho posible que hoy seamos esta familia. A Elisa por enseñarnos el amor incondicional y lo que realmente es ser papás. A Sara por su sabiduría y por la dulzura con la que me enseño que para ser mamá no me tenía que embarazar. A María Paz por confirmar todo lo anterior. Al Mono por abrirse a tantas experiencias. A mí misma, por ponerme primero y  por atreverme a armar el alma y el corazón; por cuidarme y por  permitirme amar una vez más; comprobando que el amor se quiere, que el amor no toca. 

Cierro esta reflexión con otra de las grandes enseñanzas de Sara. Cuando estábamos esperando la llegada de Maria Paz, me confesó que le preocupaba ponerse celosa. Le dije que iba a ser normal que pasara.

Al mes de estar ya todos juntos, le pregunté cómo iba con el tema de los celos. Me respondió así: mamá ¿sabes que muy bien? Me di cuenta que ella no me quita, ella me completa.

Y es así como en estos años y gracias a mis tres hijas aprendí, que el amor a un hijo es incondicional, que ser familia es quererse y que el amor  de verdad verdad, nunca quita, siempre completa.

Leave a Reply

Contacto

sil@silviatrujillohoy.com

Ph: +57 319 539 5533