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Del pesar a la compasión

Una de las bendiciones ocultas que trae un proceso de duelo, es que nos da la posibilidad de ser más conscientes del dolor de los demás, y con ellos de crear compasión en este mundo que tanto la necesita. El dolor invita a un recorrido que por lo general inicia en lástima, y muchas veces se queda allí, pero que puede continuar pasando por la simpatía y la empatía, para finalmente conectarnos en compasión; qué es en donde se dan los cambios profundos.

Sentimos pesar o lástima cuando no hemos profundizado en nuestro propio dolor, cuando lo vemos como algo ajeno a nosotros. Nos da lástima lo que le pasa a los demás, pero en esta primera etapa hay una diferencia tajante entre el otro, el pobrecito al que le paso algo, y yo. Acá no conectamos realmente. Esto en realidad es un engaño, pues todos los seres humanos, en algún momento de nuestra vida experimentamos dolor, que lo neguemos es otra historia.

La simpatía, incluye un nivel más, ya que ésta implica una inclinación afectiva con quien está en dolor. Ya no es un desconocido al que sabemos que le ocurrió algo, es alguien a quien le tenemos cariño o afecto, pero nos mantenemos separados aún: el allá con su dolor  y yo acá observándolo y a lo mejor tapando los míos.

La empatía, sube un par de escalones más, ya que implica la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Acá empieza la simbiosis. Empezamos a ver en el otro, en su dolor, algo del nuestro.

Y finalmente está la compasión, que además de lo anterior, trae el poderoso milagro que nos impulsa a buscar una acción adicional para pasar de simplemente identificarnos con el dolor del otro, a querer hacer algo para aliviar el dolor,el nuestro o de los demás. 

Lo llamo milagro porque en el otro extremo del difícil e incómodo proceso del dolor, hay una puerta que se abre a la oportunidad de canalizar lo doloroso hacia la compasión, la generosidad y la mejora de la condición humana en su conjunto. 

Hay muchas maneras de hacer esto: liderar campañas benéficas y de concientización,  cambiar de profesión, hacer voluntariados y hasta lanzarse a la política  (los invito a conocer la historia de vida de Joe Biden, candidato a la presidencia de EE.UU); pero también e igualmente importante se manifiesta cuando hacemos las paces con nosotros mismos, con nuestros miedos y con el dolor, cuando perdonamos y nos perdonamos, cuando re-conectarnos con nuestros dones, cuando nos decidirnos a ser mejores personas día a día. 

Siempre he dicho que crear fundaciones y que existan más Madres Teresas es más que bienvenido, pero la compasión no es exclusiva de causas tan grandes. 

La compasión se manifiesta con igual poder a través de un abrazo sincero, de una llamada con la simple intención de escuchar con el corazón, con simplemente enviarle luz desde donde estemos, a alguien que sabemos que está en dolor. La compasión entonces se trata más de fondo que de forma. 

Probablemente no conoceré personalmente a cada persona que lea este texto, pero estoy segura que cada una tiene una historia de dolor por compartir. Todos los seres humanos estamos unidos en el dolor, ya que sentirlo es parte de nuestra experiencia humana, por eso, lo realmente importante con el dolor,  es definir qué queremos hacer con él. 

Es mi deseo de corazón que cada uno de ustedes encuentre un propósito en su dolor, que lo convierta en el cimiento de una vida que le encante; sólo con eso, ya estarán compasivamente aportándonos a todos los demás. Y que sepan que si en algún momento el proceso se dificulta, acá estará para darles la mano y acompañarlos a atravesarlo. 

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